viernes, 15 de junio de 2007

Un individuo.


El diputado (del PP, claro) Gerardo Conde Roa llama a la Ministra Magdalena Álvarez "especie de ministro marimacho".



No me corresponde a mí defender a los ministros de este gobierno, pero la frase me parece más que desafortunada. Este ¿caballero?, al que hasta ahora no tenía el gusto de conocer, demuestra un machismo primitivo que merecer ser combatido. Le molesta que una mujer sea ministro, y él sea sólo el candidato repetidamente fracasado a la alcaldía de Santiago y , según la wikipedia en gallego, miembro del Opus Dei.



Pero tengo la impresión de que no he logrado expresar en este post el malestar que me ha provocado ésas declaraciones. Necesito la ayuda de los que tan amablemente me visitáis.



¿Cómo calificaríais a este individuo? No con insultos, que estamos mucho mejor educados que él, con simpáticos calificativos.

12 comentarios:

Maripuchi dijo...

Es curioso, hemos elegido la misma foto del individuo para hablar de él

Bien, yo diría que es misógino, sexista, retrógrado y, además, feo.

Maripuchi dijo...

Repeinado, repelenteniñovicente, cursi ...

Anónimo dijo...

Vendedor de guano, patagón, zuavo,ofliceido,bachibouzuk...

Blanca dijo...

Meapilas, sotanudo, mariconsón, lengua larga, seco'e'vientre, estreñido, dinosaurio e impotente.

Blanca dijo...

Ah... y babayu

Carlos García dijo...

El repertorio de motes pueblerinos se incrementa: ZP, la otra, el misógino (que poco corporativistas somos los tios, ¿verdad?) y ahora... la marimacho.

A este paso el Parlamento va a ser un "remake" de "Crónicas de un pueblo".

Con Dios.

Gracchus Babeuf dijo...

¿Qué pollas de dios dice usted, Don Carlos? En este blog no hay dioses, ni vírgenes, ni soplapolladas de esas.

AF dijo...

En la foto parece uno de esos modelos de catálogo fotográfico de recursos. Me explico: las agencias fotográficas dedicadas a suministrar fotos a las agencias de publicidad, a los creativos, a los diseñadores, etc., editan cada poco tiempo unos catálogos bastante mamotréticos con fotos muy genéricas de gente, de paisajes, de ciudades, de alimentos... de cualquier cosa.

En lo que respecta a la gente, las fotos son totalmente impersonales, porque así deben ser para resultar útiles: se van a usar en folletos o libros como recurso ilustrativo, y nada más. El ejemplo mejor es la típica foto de una señorita joven con la sonrisa puesta y un casco con auricular y micrófono incorporado que nos mira desde la foto que acompaña al apartado de contacto telefónico en el folleto publicitario de una empresa.

No es nadie, es algo.

Carlos García dijo...

Je, je... Sr. Babeuf. No se me enfade usted.

"Con Dios", o más concretamente "De a Dios", es el significado etimológico del tan común "Adios" que pronunciamos todos habitualmente para despedirnos de alguien.

Lo he utilizado en concomitancia con la última frase de mi comentario:
"A este paso el Parlamento va a ser un "remake" de "Crónicas de un pueblo"."
Ya que en muchos pueblos aún se sigue utilizando el "Con Dios" para despedirse.

Un simple recurso literario, nada más.

Saludos.

AF dijo...

Pues yo no digo "adios", digo "hasta luego". No soy constructivo.

Carlos García dijo...

Je, je... señor AF.
Veo que ya me ha puesto el sanbenito y la etiqueta.

No le gusta la palabra "constructivo", y ahora tampoco la palabra "adios".

De seguir así, eliminando aquellas palabras que pronunciamos quienes no le resultamos simpáticos, su léxico se verá muy perjudicado en el futuro.

Costará mucho trabajo comunicarse con usted.

Saludos.

AF dijo...

Don Carlos García, no sé por qué, pero creo que usted es de las personas que sí ha visto La vida de Brian. Dando por descontado que es así, le pido que recuerde la secuencia en que dos carceleros judíos están dándoles la cruz a los condenados a crucifixión que pasan en fila por delante de ellos. Supervisándolo todo hay un centurión romano muy británico, que con exquisita corrección se dirige a los condenados y les indica lo que deben hacer.

En un momento determinado, el centurión se dirige a los carceleros judíos y les pide que hagan algo. Éstos emiten todo tipo de ruidos ininteligibles, mostrando que tienen alguna tara mental y que no le comprenden. El centurión les da por imposibles y se va. Automáticamente, los carceleros judíos se ponen hablar, de manera totalmente normal, entre ellos.

Pues seguramente es lo que me pasa a mí, que no me parece mal que los centuriones romanos consideren que soy tonto...

Pero no acompañó a Eduardo

Pero no acompañó a Eduardo