lunes, 11 de agosto de 2008

Agresiones

A mediados de junio presencié cómo, en la puerta de un bar de mi barrio, un tipo con aspecto macarra propinaba dos sopapos a su chica. Él tenía toda la suficiencia de quien hace uso de su propiedad. Ella, a pesar de alguna queja, parecía estar muy orgullosa de ser pareja del simio más agresivo y musculado de aquella selva, mientras un colega le sacó de la barra dos servilletas para limpiarle la sangre de la nariz.


A mi no me gustó el espectáculo, y llamé al 112. No me pidieron mi nombre, aunque yo se lo di, y supongo que archivarían el número de mi móvil.


A los cinco minutos, aparecieron a la puerta del bar una unidad del Samur, y dos coches de municipales.


Desconozco si al simio se le han pasado ya las ganas de zurrar mujeres. La chica creo que no presentó denuncia. Pero el despliegue de medios policiales y sanitarios ante mi llamada es posible que haga que, en otro calentón, o pasado de botellines, se lo piense dos veces antes de levantarle la mano a alguien.


Recuerdo esto en homenaje a Jesús Neira, que (más valiente que yo) intervino personalmente en una agresión, y hoy está en coma, apaleado por el violento.




Hay más, muchas más agresiones de las que quería escribir, pero no conviene mezclar cosas diferentes (las peras con las peras y las manzanas con las manzanas) y lo dejo para otro día.

4 comentarios:

Maripuchi dijo...

Acojonante...

Adanero dijo...

Tu actitud fue más que valiente. Cobarde es la sociedad que mira para otro lado.

Un saludo.

Freia dijo...

Actitudes como la tuya son las que mentalizan a otros.

Antonio Rodriguez dijo...

Desgraciadamente son muchas las agresiones que se calla que las que, como en tu caso, se enfrentan.
DE eso se valen, también los maltratadores y otra gente de mal vivir.
Una actitud muy encomiable la tuya..
Salud, República y Socialismo

Pero no acompañó a Eduardo

Pero no acompañó a Eduardo