Estamos sobrevalorando la importancia del caso de espionaje en la Comunidad de Madrid. Que un consejero sin competencias en seguridad monte un grupo de agentes secretos, que los dedique a investigar a sus enemigos políticos (que están en su mismo partido), que lo haga con fondos públicos... Todo ello no tiene transcendencia alguna, y no tendrá consecuencia alguna.
En Madrid, todo eso es normal. Como es normal que el presidente del Canal de Isabel II viaje a Sudáfrica acompañado de el dueño de la empresa Securitas. Pero afirme que pagó su viaje (8.000 euros) en efectivo. Por eso no hay pruebas documentales. Yo también acostumbro a hacer pagos de miles de euros en mano. Es normal que si hay un incendio en el garaje de otro consejero, ex alcalde de Valdemoro, y se quema el coche de su parienta, resulte que el coche está a nombre de una constructora. Es normal que el AVE a Barcelona pare no en Guadalajara, sino en un páramo infame, cuyo nombre me niego a buscar, donde la familia de una presidenta autonómica tiene grandes propiedades.
Es normal, sobre todo, es normal, en Madrid, que si las elecciones salen mal para el Partido Popular, se compre a uno o dos diputados. Un empresario ligado al PP les pague la escolta y el hotel, y sea necesario repetir las elecciones, hasta que den el resultado correcto.
El escándalo del Esculancia-gate no tendrá consecuencias políticas, porque en Madrid ya han ocurrido asuntos más graves, y no pasó nada.

Para amargaros la tarde, pongo la foto del jefe de Los Hombres de Paco. Se dió a conocer como presidente de la "Comisión de Imbhestigazion" del caso Tamayo, y dado el éxito fue recompensado con la consejería de Obras Públicas, donde demostró su pasión por los coches todo-terreno con tracción a las cuatro ruedas y asientos de cuero blanco. La lideresa, demostrando gran sentido común, decidió apartarlo de consejerías donde hubiera demasiado dinero. Lo colocó en interior, y la cagó. Pero no tendrá consecuencia alguna.